Historias del otro lado de la conciencia.

Historias del otro lado del pensamiento; Relatos de un mundo insólito para el cuál, se debe poseer el don de la segunda visión. Una visión más allá de la realidad. Sígueme y recorre conmigo ese "otro lado" misterioso que nos aterra y atenaza hasta los límites de lo imposible.


lunes, 20 de marzo de 2017

Corazón



    De nuevo estamos aqui, con nuestro reto-relato numero 3 y último de momento, pues Luisa y una servidora debemos centrarnos en nuestras respectivas nuevas novelas.

El relato de Luisa Fernanda Barón Cuello se llama"EL JUEGO" y podeis leerlo ya mísmo en: SCRIPTORIUM,el mundo de los libros. elrincondelafansatia.blogspot.com   Ponéos cómodos y a leer!!
                                


Daniel estaba tumbado en medio de la calle. Una lluvia incesante caía sobre su cuerpo sin que a él le importara, pero se lamía los labios a medida que las gotas le bañaban la cara. Los pensamientos cargados de tristeza que se arremolinaban en su cabeza tampoco contribuían a templarle el alma.
Sólo unas semanas antes, su vida parecía despejada y segura. Pero había hecho caso a su corazón. Había decidido dejarse llevar por él en todo momento,olvidando las consecuencias que todo acto conlleva y lo había pagado caro.
En ese momento, deseó no haber conocido nunca a Adriana.Y a pesar de todo seguía amándola.
De repente se oyeron arañazos en los coches y pese al miedo, una convicción mística le obligó a seguir tumbado. El aullido fue el detonante de la tragedia.
Cercano...gutural...estremecedor...
La enorme loba apareció al final de la calle como surgida de la nada. El espléndido pelaje blanco y los ojos azul glacial le hicieron estremecer. Aterido de frio, el muchacho se arrastró hacia atrás, apoyando los codos en el asfalto, mientras la veía ponerse en pie, gruñendo y exhibiendo sus blancos colmillos.
La señales de alarma le decían que se levantara y corriera como alma que lleva el diablo.Pero tenía una pierna herida y sabía que no llegaría lejos.
Fuerzas místicas, casi mágicas habían intervenido aquella noche.Se levantó, se acercó a ella lentamente, hasta casi estar pegado a ella. No le atacó en ningún momento. Ni siquiera cuando él le retiró la piel hacia atrás, como si la acariciara.
El pellejo de la loba se fue retirando hasta quedar en el suelo y mostró a su vez, a una chica delgada de rostro exótico cuya desnudéz quedó tapada por una larguísima mata de pelo rojizo.
─Debes irte ya...─dijo ella aterrorizada.
─Sabes que no puedo...Adriana.
Dos calles más adelante se escucharon gritos.
─¿Recuerdas lo que te dije, la noche que me transformé por primera vez?
El terror se reflejaba en la cara de ella como nunca antes y él sintió como le clavaba las uñas en los hombros, según miraba en dirección a donde provenían los chillidos.
─Me acuerdo del susto de muerte al verte colgada de la ventana. Eso no lo voy a olvidar nunca. Si te refieres a lo de abandonarte...eso ya ha sucedido y no voy a cambiar de opinión.
─¡No...estúpido! Te dije que escaparas, que te fueras lo más lejos posible...pero no de mí. El te buscará...te encontrará si estás cerca y te arrancará el corazón.
─Te equivocas, eres tu quien me lo ha arrancado.
En ese momento ambos quedaron petrificados. Del parque central; a tan solo unos metros de ellos surgió la figura alta de un hombre cuya piel musculada y bronceada hacía las veces de vestidura. Caminaba descalzo, tenía las uñas muy largas y manchadas de sangre. En su mano derecha llevaba algo rojo, musculoso y viscoso. Le vieron comerse esa cosa, mientras le chorreaba la sangre por la barbilla y veían que lo disfrutaba de verdad.
─¿Qué es eso?─preguntó Daniel entre arcadas de angustia.
─¡Corre!─exclamó Adriana.
─¡No!...no corras, por favor─le dijo el extraño,mientras cruzaba la calle con total tranquilidad─...de nada te servirá correr..pues te alcanzaré igualmente.
La transformación de Adriana duró medio minuto. De la rabia contenida y el deseo de proteger a Daniel apenas notó dolor y el crujido de sus huesos al retorcerse tampoco. Era de nuevo, una hermosa loba de pelo exuberante, ojos azules y altura descomunal.
El hombre tiró el corazón humano a una papelera, a la vez que se relamía los labios. Se le pusieron los ojos rojos, le crecieron los colmillos hasta debajo del mentón; se le arquearon las piernas hacia atrás, mientras quedaba a cuatro patas. Le creció el pelo por todo el cuerpo y se convirtió en un monstruo enorme, tan negro como la mísma noche, que poco tenía que ver con un lobo. La mezcla resultaba letal y más, siendo el humano, quién predominaba en él.
La lucha fue brutal.
Rodaron juntos, gruñéndose mútuamente.Se lanzaron zarpazos.Pasaron por encima de varios coches.Lucharon ferózmente junto al muchacho.
Un aullido lastimero salió de la garganta del lobo negro.Tenía la garra de la loba, atravesando su pecho. Casi entraba el brazo entero.
─Lo has hecho...─dijo el herido, con un hilo de voz, según íba recuperando la forma humana original.
Adriana lo miraba con desprecio. Una chispa de pasión atravesaba su mirada mientras removía dentro y le sacaba el corazón de cuajo. Pasión por verle destruido.
Daniel se arrastró a duras penas, dejando una larga mancha sanguinolenta en la acera. La pierna estaba peor de lo que creyó en principio pero, al menos, su mayor amenaza había desaparecido. O eso pensaba. Aún sentía esa ausencia de sentido común que existe cuando te enamoras perdidamente de alguien a quien crees perfecto para ti. Esa sensacion de sentirte a salvo, como en una nube. Pero la realidad era bien distinta. Adriana era un mujer lobo.El instinto de matar estaba grabado en su código genético y no era capaz de reconocer a alguien querido,bajo esa forma. Estaba maldita y ambos lo sabían.
El aliento a carne putrefacta entró por la vías nasales de Daniel, cuando ella estuvo a su espalda.La notó tan cerca que estuvo a punto de gritar, pero no pudo. Se quedó tieso como una estatua, sin atreverse a mover la cabeza. Sintió la respiración entrecortada de la loba y en una fracción de segundo en que ella abrió sus fauces con intención de devorarlo, alguien le disparó un tiro en el lomo y el animal cayó. Pero solo fue un momento, tras el cual, se levantó de golpe y corrió hacia el parque profiriendo alaridos de dolor.
El autor del disparo se apresuró a socorrer a Daniel. Se trataba de un policia local.
─¿Estás bien?─le dijo a Daniel, mientras comprobaba su estado─recibimos un montón de llamadas anónimas. Decían que había una bestia salvaje matando a la gente. ¿Que era eso..?
─No se lo que era...señor. Creo que un  oso...o al menos eso me pareció. ─Mintió─ se me echó encima antes de poder verlo.Espero que le haya dado.
─¿Un oso?─exclamó el agente con cara de pasmo.En realidad pensaba que eso era imposible. No había ningún circo o zoo en la ciudad.
En cualquier caso, no era tonto ni ciego y aquella bestia a la que había disparado era algo enorme. Quiza no fuera un oso, pero tenia pinta de ser un lobo enorme.


Dos dias despues....
Se abrió la puerta y tras ella,esperaba una chica alta, de cabello largo y rojizo y unos ojos muy claros y penetrantes.
No podía creer que fuera ella y sin embargo estaba allí frente a su puerta.La miró un segundo. Luego se dio media vuelta, entró dentro y dejó abierto a propósito. Pero no sentia ninguna alegría.
─ Se que soy la última persona que esperabas , pero tenía que verte, al menos una vez mas...
─¿Qué quieres?
─Te hice daño...
Daniel se mostró incómodo. Caminó nervioso por la casa. No tenía que haberla dejado entrar. No tenía ni que haber salido con ella. Si le hízo daño...mucho daño...
─Yo...no sabía lo que me pasaba. Él me atacó una noche...hace un par de meses. Sali con el una vez...y se creyó con derecho a entrar en mi vida. Pero no entendí lo que era....en lo que me había convertido...hasta que me vi en mi cama manchada de sangre hace dos dias.En ese instante comprendí que algo no andaba bien. Entendí que me habia transformado en un monstruo y quíse morirme.Luego vi lo que pasó en las noticias y me quedé de piedra.Solo de pensar que pude haberte matado...no puedo soportarlo más. Necesito que me ayudes, Dani.
El joven se apartó una vez más. Estaba cansado de tantas mentiras y manipulaciones mentales. Quería olvidarla. Deseaba poder recuperar su vida. Ya no le importaba que ella usara el chantage emocional con él...ni que le incitase con su innegable sex apeel.¿Era mucho pedir que se buscara a otro idiota? Ya ni siquiera la odiaba. Su única preocupación era convencer a Adriana para que abandonara su fijación por él.
─Por favor...Dani...
Sus palabras se entrecortaban y contraía los labios como si le costase hablar. Qué dificil es comunicarse con alguien a quien se ama tanto...que hasta cuesta respirar.
─Te he ayudado lo que he podido...Adriana. Te quiero. Tu lo sabes. Pero los dos sabemos lo que eres. No podemos estar juntos.
─No quiero que estemos juntos Dani. Ya no...─Le confesó ella, mientras se llevaba las manos a su bolso.─Deseo que vivas tu vida. Te quiero demasiado y ya has sufrido bastante por mi. Solo quiero pedirte un favor y se que es dificil pero necesito ayuda y no se me ocurre nadie mejor para hacerlo.
Del interior del bolso, Adriana sacó un revolver automático. Le temblaba la mano pero lo agarraba con firmeza. No vio la cara de susto e incluso de horror que púso Daniel con ese gesto. De todos modos no quería verlo. Se odió a sí mísma por lo que estaba a punto de hacer...pero era necesario hacerlo.
─Tómala. Sabes lo que hay que hacer...y yo no tengo el valor necesario.
─¿Por qué me haces ésto?─gimió él evitando hacer caso a sus ruegos.
Adriana se acercó hasta quedar a un milímetro de sus labios. Le besó con dulzura.Dejó el arma encima de la mesa de centro y se apartó llorando hasta quedar pegada a la puerta.
─¡Hazlo ahora! ─cerró los ojos─ si esperas a que salga la luna...será tarde.
Daniel cogió la pistola y comprobó si estaba cargada. Miró a la chica con la mirada vidriosa. La apuntó un momento a la cabeza. Le temblaba el brazo. No era capaz de apretar el gatillo.Bajó el arma. Lo tiró al suelo.
─¡Vete de aquí!  ¡Márchate!
Adriana abrió rápidamente la puerta y se marchó corriendo y llorando. No dijo adiós. Solo...corrió lejos.
Daniel se dejó caer en el sofá de tres plazas que tenía colocado junto a la ventana del salón.Se echó las manos a la cabeza. Tiró de su cabello, chilló de desesperación...
La pistola seguía tirada en el suelo. La miraba sin dejar de pensar en lo que ella le había pedido.¿Cómo podía pedirle tal cosa?
Al cabo de un minuto lo entendió todo. El mostruo que habitaba en el interior de Adriana la atormentaba cada luna llena. La obligaba a matar.No lo había pedido. Era su maldición.Y no lo soportaba más. Quería morir...quería matar a la bestia. Pero necesitaba de alguien que la amara lo suficiente para apretar el gatillo y darle la paz. Comprendió que ella no tenía valor suficiente para suicidarse.
Se levantó, abrió la ventana y gritó su nombre a víva voz. Ella le esperaba abajo, en el portal. Y salió al centro de la calle para mirar a la ventana. Sonrió.
Daniel agarró la pistola y bajó por las escaleras.Apenas podía respirar. El corazón íba a mil por hora. Salió a la calle. Siguió a Adriana hasta un callejón solitario donde solo unos gatos eran testigos de su presencia.
─No puedo hacer ésto...
─Si que puedes...mi amor.Hazlo ahora.
Había gente en la calle. No era el momento adecuado. Sintió alivio.
Sobraban las palabras. Adriana bajó la cabeza en señal de tristeza en tanto su novio bajaba el arma y se lo guardaba en el bolsillo trasero de sus jeans.
─¡Márchate de aquí!
Adriana salió corriendo y llorado hacia el bullicio. Cruzó la calle en vaivén, esquivando a algunos conductores furiosos que no dejaban de gritarle que se apartara pero ella no atendía a razones y a punto estuvo de ser atropellada.

La luna estaba alta en el cielo; grande, redonda y magnética.
El dia había pasado velóz y Daniel tenía los nervios a flor de piel. Notaba que el órgano vital le daba señales de alarma. Demasiadas emociones.Miró otra vez el cielo por la ventana. Se echó atrás. Trató de cenar algo pero cada vez que abría la nevera,volvía a cerrarla desganado.
Recordó el dia en que conoció a Adriana y se echó a llorar. Aquel dia, tropezaron por casualidad.Él acababa de comprar una pizza y al salir del local tan deprisa y sin mirar, chocó de morros con ella. Fue uno de esos flechazos de pelicula de los que Daniel solía reirse con sus amigos porque lo consideraban una chorrada. Qué equivocado había estado.
El noviazgo duró apenas dos semanas. Adriana cambió de pronto una noche, cuando bailaban en un pub de moda. Ella se vestió muy sexy aquella noche. Se púso un vestido muy corto, se pintó los labios de rojo y se soltó la melena. Pero ella no era así. En un momento cambió como de la noche al dia para combertirse en la chica más deseada de la ciudad. Y todo comenzó despues de que ella se quejara de las llamadas de su ex.El mísmo que había intentado arrancarle el corazón en el parque. El fue quién la convirtió en monstruo.
Desde entonces y cada noche, Adriana se transformaba en un licántropo sediento de carne humana. Conocía la forma de pararla pero carecía de valor para acabar con su sufrimiento.
Al cabo de una hora, Dani tomó conciencia, respiró hondo y se dispuso a cumplir con su deber, como ella esperaba de él. Por muy duro que le resultara, era consciente de que la muerte era la única forma de parar la maldición y de darle paz a ella.
Aquella última noche, el chico salió en busca de su amor perdido. Cruzó las calles como un fantasma desprovisto de aliento y entró en la amplia avenida rodeada de árboles y césped bien cuidado; tocó dos veces el timbre y esperó a que le abriera.
─¿Quien es?
─Soy yo...
La puerta cedió al instante tras su contestación. Quedó claro que ella le esperaba a pesar de los rechazos y reproches.
Subió en el ascensor hasta el ático. La puerta estaba abierta y Adriana esperaba sentada en una silla. Le miró con expresión de angustia a la vez que se rascaba la piel de brazos y piernas. Lo hacía con tanta insistencia que se arrancaba trozos de carne, con esas uñas tan largas como cuchillos.
─¡Mátame por favor!
Daniel sacó el arma de su bolsillo y lo túvo que empuñar con ambas manos para no tirarlo al suelo. Su cara era un mar de lágrimas. Apretó el gatillo...se detuvo un segundo para volver a apretar de nuevo cuando los ojos de Adriana se pusieron rojos y la voz empezó a cambiarle.
─Te quiero...
Ella lo miró con ojos de depredador a punto de saltar a por su presa. Le gruñó. La loba dominaba ahora y Daniel disparó por fin.
Sonaron uno, dos, tres, cuatro tiros...
Al abrir los ojos...que había mantenido cerrados todo el tiempo, La vió tendida en el suelo; bañada por un charco de sangre. No se movía. Estaba muerta.
Uno de los disparos acertó de lleno en su corazón y el resto fueron a entrar en la sien. El arma hízo un ruiso estruendoso al caer.
Daniel se quedó allí toda la noche; sentado junto al cadáver, sin poder reaccionar a lo que había hecho. Y por un instante creyó oír la dulce voz de Adriana llamándole. Luego, un roce en el hombro que le dio escalofríos.
¿Sería su espíritu liberado el que le daba gracias, antes de pasar al otro lado?
Nunca lo sabría.

martes, 28 de febrero de 2017

Lucille


                                                                                2

                                                          Hogar...doloroso  hogar




¿Cuánto tiempo había pasado? Dos dias...tres dias...cuatro dias...
Lucy esta sentada sobre la tierra húmeda, de donde ha salido hace tan solo unas horas. Trata de recordar, pero no ocurre nada. En las cercanías del cementerio, oía el tráfico que circulaba contínuamente. Una pareja murmura entre las sombras de la noche. Oye el aullido de un perro. Está lejos,pero lo escucha como si lo tuviera al lado.
El oído está más afinado.Sigue oyendo a la pareja hablar en susurros, como intercambiando confidencias y palabras de amor. Percibe sus pasos cerca, pero no están allí.
Mas allá de los muros, el ruido estruendoso y amplificado de las redes eléctricas, la obligan a taparse las orejas con ambas manos.
No hay nadie a la vista y la puerta del camposanto está abierta. Lucy tiene la ropa hecha jirones, pero no le importa. Se levanta, no sin esfuerzos. Tiene los músculos anquilosados y le duelen los brazos y las piernas. Se palpa la cara para asegurarse que todo sigue en su sitio...aunque sienta los ojos fuera de órbita y la boca dolorida.
Sale de aquel lugar fúnebre a través del gran portón enrejado. Durante unos instantes ve unos columpios de hierro que parecen antiguos. Observa los soportes en forma de A y la barra transversal e imagina a los niños columpiándose alegremente. Les oye reir; luego alza la vista, aturdida y mira un poco mejor:
Los niños no están. El patio ajardinado está desierto. Todo ha sido una ilusión creada por su mente torturada.
Camina durante largo rato por una amplia avenida. Camina bajo un cielo negro sin estrellas. Las viejas aceras, frente a los chalets modernos y viejos; según va acercándose a la ciudad, con sus calles repletas de bares y carteles de neón. Edificios de media altura y elegantes restaurantes vienen a continuación. Ha dejado la zona abandonada del polígono comercial, en las afueras para adentrarse en la colorida población que reconoce al instante como su ciudad. Se detiene frente a una tienda abandonada en la que solían vender zapatos. Durante treinta años había funcionado de maravilla y ahora no era más que un local vacío, rodeado de muros de cristal.
Lucy vió que su pelo había crecido considerablemente. Ahora es largo y voluminoso, pero ha perdido su brillo. Las uñas también son más largas y rasposas. Los pechos turgentes han aumentado y su figura se ha vuelto estilizada, sin un ápice de grasa. Tiene los labios agrietados, grises, voluminosos y anchos. Su expresión se sobrecoge al ver esos dientes crecidos...blancos como perlas, como un animal salvaje. Cierra la boca, se aparta del espejo...corre lejos...
Atraviesa corriendo la avenida y llega hasta un parque. Está amaneciendo. No. Aquella visión no era cierta.. Era una imagen que su mente había proyectado de nuevo para confundirla.Era como la de aquellos niños, columpiandose, en donde hacía tiempo que nadie jugaba.
Una mala pasada..
Pero, de improviso, ve una casa frente al parque. Una casa de dos plantas; enrejada hasta tres metros del suelo. Es la primera, de una larga y extensa calle residencial. Las luces están apagadas. Todos duermen. Presiente algo...esa es su casa.No tiene dudas de ello.Parece que el instinto se ha desarroyado en ella como en los animales. Sigue adelante, trepa por el muro de rejas, se sube al árbol de grueso tronco con agilidad felina. Continúa subiendo hasta la pequeña ventana con cristales correderos. Sabe que están abiertos siempre y se puede entrar desde fuera.
Dentro se huele un delicado aroma a vainilla que le es familiar. Cierra los ojos y aspira profundamente, antes de entrar. A continuación, cierra la ventana, corre las cortinas y apaga la vela aromática, ya casi consumida.
El silencio invade toda la casa. Todos duermen. Aún es de noche.
El cuarto es muy grande y está tal y como lo recuerda. El techo de yeso, cubierto de mariposas fosforescentes, que rodean una lámpara de bonitos colores; su cama de 1,35 cm y su armario de doble espejo y cuerpo entero...seguían allí.
Las velas eran parte importante de su decoración Zen; también, los múltiples adornos orientales.
El lugar parece conservar el mísmo aspecto que cuando estuvo por última vez, y eso la calma. No comprende que esa ya no es su habitación.
La ropa de su hermana invade los cajones y las perchas de su armario. No ha encontrado ninguna de sus prendas. Se enfurece. Pero lo que si está....donde siempre, es el medallón que le regaló su padre, en su cumpleaños. Un corazón de plata engarzado a una cadena larga y plateada que cuelga suspendida sobre el borde superior izquierdo de un cuadro.
Se acerca, alarga el brazo y palpa el corazón de plata. Al instante siente un calor anormal que sube en niveles exagerados hasta abrasarle la piel. Lo suelta gritando. Salta hacia atrás, golpeándose contra la pared. ¿Qué acaba de pasar?
La mano está quemada . Tiene la marca del corazón grabada a fuego en la palma.Se agarra la muñeca con la mano contraria y mira incrédula y dolorida.
Luces encendidas...
La familia se despierta ante los gritos y golpes.
Lucy observa desde fuera. Le ha dado tiempo a salir del cuarto en los dos minutos que han tardado en subir, abrir y entrar. Su madre acaba de entrar asustada. No puede explicarse de dónde viene ese grito aterrador que ha escuchado minutos antes. Se le nota el pánico en la mirada.
─¡ dios mio! ¿Quién anda ahí?
De pronto, la mujer pega un brinco al mirar hacia el espejo, pues ha creido ver de refilón, un rostro cadavérico reflejado desde la ventana entrecerrada. Pero cuando vuelve a mirar...ese rostro ha desaparecido.
Afuera empieza a clarear. Se está haciendo de dia y Lucy vuelve a sentir que su piel se quema. La sensación es angustiosa. No sabe qué hacer...a dónde ír. Salta al jardín, como un gato que cae siempre de pie; corre de nuevo, ésta vez hacia la parte trasera de la casa. Abre las portezuelas de madera que llevan al sótano y se mete dentro.


Otra vez la oscuridad....pero la reconforta, porque dentro, no hay dolor.

En el rincón más oscuro, Lucy se acurruca y se abraza en el suelo con los brazos rodeando sus rodillas y la cara apoyada en ellas. Tiembla y llora a la vez. Está a salvo....al menos hasta que vuelva a oscurecer.