Historias del otro lado de la conciencia.

Historias del otro lado del pensamiento; Relatos de un mundo insólito para el cuál, se debe poseer el don de la segunda visión. Una visión más allá de la realidad. Sígueme y recorre conmigo ese "otro lado" misterioso que nos aterra y atenaza hasta los límites de lo imposible.


lunes, 31 de julio de 2017

Lucille

                                                                            8



                                 

Palpitaciones


Lucy ha llegado hasta el enorme portón de ese club tan particular. Ha llegado andando, pero sus pies no se resienten de la larga caminata, a pesar de ir con taconazos.
Sigue viéndolo todo rojo. Más rojo que la sangre, pero no todo es real.Es algo que solo ve a través de sus nuevos ojos, aunque presiente que tiene mucho que ver con lo que le pasó hace unas noches.
Sin pensarlo dos veces , Lucy pone un pie en el escalón que sube a la entrada.El segurata la mira con fijeza.Está serio, con cara de pocos amigos. Antes de que Lucy apareciera, él había echado a otras dos chicas y sus formas eran ilógicas.Demasiado violento. Como creyéndose con autoridad para tratar a la gente a su antojo.
Sin embargo, el grandote y rudo guardia de seguridad, miró para otro lado cuando ella entró.En realidad...le estaba mirando el trasero.
Lucy se ha vestido sexy, tal y como planeó antes de irse a dormir. Nota que su carácter está cambiando.Se vuelve dura,seductora,cañera,segura de sí mísma,como nunca lo había sido.Es la hora de sacar a los ratones de sus madrigueras.
Un rápido vístazo es suficiente para saber a qué atenerse. Un amplio salón de estilo gótico, con muebles y alfombras de terciopelo rojo.Lámparas de araña y guapas bailarinas que muestran sus encantos a los clientes que entran y salen a cada momento. Lucy piensa que debe ser porque es temprano, ya que es un local no apto para menores y abre sus puertas después de la medianoche.
¿Qué hacer? ¿Marcharse? O esperar a que empiece la verdadera fiesta?
La segunda opción parece ser apetecible, pero, de repente, no se siente segura.Alguien la está observando.Ese tio de la barra no aparta la mirada de ella.Está sentado.Parece alto y tiene el pelo rizado.No está nada mal...
Lucy es el tipo de chica enamoradiza que pierde la cabeza por el típico chico guapo, pero su carácter y gustos han cambiado y ese tio no es el típico chico guapo al que está acostumbrada.Tiene algo especial que la desconcentra de su acometido principal. Se obliga a apartar la vista pero él se acerca con descaro, la mira desafiante y ella siente un estremecimiento repentino.
−¿Encuentras lo que buscas?−dice él.
−No busco compañía
Lucy trata de dejarle claro que no busca enrollarse; pues eso es lo que parecen querer casi todos.A pesar de su indumentaria provocativa, una chica no tiene por qué estar pidiendo guerra.Puede que solo estén mostrando su personalidad y sus gustos, pero de ningún modo quieren que se las aborde como a la carnaza. Te juzgan por ser mujer y si vas sola por ahí es aún peor.Pero Lucy no está dispuesta a tolerarlo.Desea deshacerse de ese tipo cuanto antes. Su objetivo se halla al final de la barra. Alguien a quien recuerda y no sabe de qué.El encargado del club: Un hombre de unos treinta años, alto, musculoso, con la cabeza rapada y los ojos más negros que ha visto nunca.
Se sienta al final de la barra y espera pacientemente a que él termine de discutir...lo que está discutiendo por teléfono a grito pelado.Mientras tanto, ve al segurata entrar echo una furia e ir directo hacia el tio del pelo rizado. Le está empujando.Le obliga a salir del local.
Lucy se siente furiosa.No conoce a ese chaval, pero le fastidia ver cómo le trata ese asqueroso y excesivamente musculado segurata. Quizá tenga que buscarlo más adelante y sacarle las entrañas del cuerpo. Quizá...si tiene tiempo.
De pronto siente un golpe en la barra, justo frente a ella. Los rudos brazos del encargado están posados en cruz en una postura cómoda y desenfadada.Pone pose de creerse muy importante.La mira de arriba a abajo con lujuria. ¿Qué le pasa a los hombres?
Lucy intenta calmar su rabia, la cuál no deja de aumentar.Tiene que centrarse en lo que quiere.Vuelve a mirarlo. Tiene barba de una semana y aunque no le desagrada , ve que no le sienta nada bien. Prefiere la barbita de tres dias; rubia, limpia y cuidada del tipo del pelo rizado.
“Oh..Lucy...quítalo de tu cabeza...ya!
Sigue mirando al dueño del club con interés.No habla. Solo observa. Se fija en que tiene un ojo azul y el otro grís. Un curioso defecto.Y entonces...un flah back violento se adueña de ella: Está bailando sola. Nota el mareo típico de esas dos copas de más, que se te suben demasiado rápido, cuando no estás acostumbrada a beber.Sin embargo,el chico que la acompaña y la mira desde la barra acaba de pedir un par de copas más. Se acerca, le da una y la besa en la boca.
−Bebe, cielo.Te sentará bien.
Pero Lucy se tambalea.Vé doble.Qué raro.Apenas ha tomado dos copas.
El dueño del club, que no deja de mirarla desde la barra se parece mucho a ese tipo calvo...
Y entonces...se desvanece en los brazos de su acompañante.Todo le da vueltas.Va a perder el conocimiento.
Despierta. Vuelve a la realidad.
Una voz lejana la alienta a despertar.
−¿Estás bien?
Lucy no sabe qué contestar.Está mareada y desorientada.Una sombra se antepone entre el encargado del bar y de Lucy. Su cara le resulta familiar.Se parece al chico al que vio dos minutos antes de morir. El chico que saltaba como si no hubiera gravedad.El chico que le había hablado antes de cerrar los ojos al mundo mortal.
−Hola preciosa...
Esa voz era inconfundible.No le quedaba duda.Era él...era ese chico misterioso.
−¿Tu?...tu estabas allí...en el descampado.
−Tus nuevos sentidos te sirven bien, pequeña. Siento no haberme presentado antes.Hay tantas cosas que debes saber...que debo explicarte...pero ellos no me dejaron hacerlo.
−¿Ellos? ¿Quiénes son ellos?
No hubo respuesta.
−Debes venir conmigo ahora.Aquí no puedo protegerte. Si ellos te reconocen como lo que eres,estarás condenada. ¡Los dos lo estaremos!
Lucy retrocede.No sabe qué hacer.Qué creer. Sus planes se vienen abajo.Todo es tan surrealista que desconfía de todo y de todos.Tiene que escapar.
−¡Déjame en paz!
Los gritos resuenan en el local, por encima de la música.El guardia de seguridad acude a su llamada.De repente aparece un segundo guardia.Ambos son como dos armarios roperos. Agarran al muchacho por los brazos y lo “acompañan” a la calle.
Un tipo se acerca a Lucy. Está borracho.Se arrima demasiado pero Lucy está nerviosa y los nervios le dan hambre.
−¿Estás sola? ¿Quieres pasar un buen rato?
−De acuerdo.¿Te apetece que pasemos al reservado?
−¡Oh...siii!− se emociona él. No tiene idea de lo que le espera, en la penumbra de ese cuarto,con un sofá rojo...por supuesto. Como todo lo que rodea a ese extraño club.

Lucy sube detrás de él.Está segura de que ha estado allí muchas veces y conoce bien esos cuartos oscuros e íntimos. Lo lleva escrito en su cara de pervertido.Sabe que va a intentar meterla en el más alejado de todos ellos. Al fondo del pasillo rojo, donde suele llevar a las jovencitas drogadas, que no saben ni donde están. Pobre tonto... ella ya lo sabe. Le lee el pensamiento. Sabe lo que quiere hacerle.Lo tiene en cuenta. Le deja subir primero.Antes de seguirle, Lucy se asegura de que nadie la ha visto. Todo está controlado.

lunes, 10 de julio de 2017

Lucille

Capítulo 7

El club de los bebedores de sangre




Michael Ramsland parecía sorprendido de ver a las chicas mirarle tan fíjamente, con los ojos luminosos como los focos del escenario.¿Realmente le veían tan atractivo...o esperaban a que las invitara a una copa? ¿Todas a la vez?...ni de coña−pensó con pavor.
La mujer de blanco y cabello oscuro le miró con ojos glaciales desde el final de la barra.Se acercó y le susurró:
−¿Te apetece compañía? Yo soy lo que necesitas.
−Estoy de servicio.
−Si, por supuesto...
Ella pasó las uñas por el brazo del asiento, arrancando pequeñas virutas de madera. Mantener la postura sin parpadear era torturador, pero tenía que estar receptivo si quería sacar alguna información en ese lugar tan peculiar.Llevaba veinticuatro horas sin dormir, completamente obsesionado con la mujer del callejón.No podía olvidar la palidez de su piel ni ese cabello tan largo y encrespado.Le daba repelús pero, al mismo tiempo, le atraía y estaba seguro de que era la asesina del hombre al que encontraron desangrado.¿Pero por qué pensó que ella estaría allí?
Aquella chica que se le acercó en la barra parecía adoptar esa estética vampírica tan de moda entre los colectivos góticos. Vestía ropa negra, usaba prótesis dental que simulaba colmillos e incluso tatuajes con símbolos extraños. Era una de las habituales chicas de alterne que tenían contratadas en ese club de noche llamado “Akasha”.Un pub de culto, para gente con un raro gusto por lo gótico y por la sangre. Una “no tan secreta” comunidad de bebedores de sangre. Personas normales, con vidas corrientes durante el dia,que cada anochecer se acercaban allí y fingían ser vampiros y Michael no sabía si reir o llorar. Pero pese a su apariencia siniestra y amenazadora, no eran personas violentas ni realizaban rituales sangrientos. La mayoría pasaban a los reservados a compartir su líquido elemento, bien por dinero o bien por placer.Pero siempre de modo consentido.
Cuanto más investigaba sobre el tema, más horror sentía.Ver que hubiera gente capaz de algo así, le provocaba nauseas pero debía seguir adelante pues varias pistas y testimonios le llevaban de forma inequívoca hacia ese oscuro mundo.Para bien o para mal, ya estaba metido hasta el fondo.
Como si de una aparición fantasmal se tratase, recién salida de su mente, la figura esbelta de una mujer joven entró en el bar y Michael se quedó sin respiración.
La dama de cabello oscuro y piel de porcelana entró sola, envuelta un inquietante halo que sobrecogió el ambiente, ya de por sí, bastante cargado por el humo de las cachimbas. Lo iluminaba todo con su presencia.Tenía el aspecto de una chica joven, pero con cierto aire maduro.Apenas pestañeaba. Sus ojos eran grandes y redondos y se le transparentaban las venas de la cara, en un tono azul amoratado, que brillaba con las luces artificiales parpadeantes. Llevaba ropa casual rockera y zapatos rojos.La admiró mientras caminaba hacia la barra, como si los tacones fueran parte de su propia piel. Su código de conducta resultaba extraño, incluso para un detective experimentado como él.Aun viendo a cientos de sospechosos, ladrones, asesinos y chorizos varios...ella era un ser especial. Alguien que sobresalía del resto.Y se la imaginó como un ángel de la oscuridad.Un lucifer, encarnado en mujer y no supo por qué.Pero la intuición era de las pocas cosas que a Michael no le fallaban jamás.
El ángel era tan solo una más, entre las decenas de personas que ocupaban el local. Algunos bebían sin parar, cubata tras cubata, como si no hubiera un mañana.Otros subían y bajaban de los reservados, con síntomas de mareos o con la boca manchada de sangre.Algunos solo bailaban ya admiraban a las guapas Go-gos, en el centro del escenario y en jaulas colgadas del techo pero el ángel no hacía nada de eso.Ella parecía esperar algo o a alguien.Miraba a todos lados, nerviosa. Tan vulnerable...tan preciosa...
−¿Encuentras lo que buscas?−le preguntó Michael, al tiempo que se paraba a su lado.
Se entrecruzaron sus miradas.Fue un momento mágico.Algo sucedió en el instante en que se miraron.Se paró el tiempo.Solo oían la música, pero la gente era para ellos como abejas zumbando en una dimensión paralela.Se notaba su presencia pero estaban lejos y el centro eran solo ellos dos.
¿Qué está pasando?−se preguntó Michael, confuso.
−¡Déjame sola!−le advirtió ella con furia.−No quiero compañía.
Dicho ésto, la temperamental muchacha se alejó y se sentó en el extremo más alejado de la barra.Pidió una cerveza y se quedó allí, mirando al camarero con fijeza.
De pronto y sin venir a cuento,unas enormes manazas agarraron al detective por el cuello de la chaqueta, sin disimulo ni educación y le dijo cuatro cosas:
−No queremos polis por aquí.Tu hueles a poli. Márchate y deja a las chicas en paz o tendremos algo más que palabras.Somos un club selecto, pero cumplimos con la ley, así que fuera de aquí.
Michael se encendió por dentro.Quería pegarle a ese mastodonte de dos metros, pero su visita no era oficial y tenía unos límites que no debía rebasar. Miró una última vez a su ángel oscuro y salió por aquella puerta roja que llegaba hasta el techo.


Un hombre comenzó a seguir a Michael, desde el instante en que salió del club. Era bastante alto pero se veía siempre de espaldas; con la cara tapada con una gorra de visera y una cazadora más grande que su delgado cuerpo.Con las manos dentro de los bolsillos laterales, el extraño empezó a andar despacio, siguiendo los pasos del detective, con extrema cautela.