Historias del otro lado de la conciencia.

Historias del otro lado del pensamiento; Relatos de un mundo insólito para el cuál, se debe poseer el don de la segunda visión. Una visión más allá de la realidad. Sígueme y recorre conmigo ese "otro lado" misterioso que nos aterra y atenaza hasta los límites de lo imposible.


martes, 5 de julio de 2016

Juegos de Hermanas,2

Hace calor...eh, niñas?─comentó el hombre, mientras se desabrochaba un botón de la camisa.
Elena y Cristina no respondieron. Dieron dos pasos atrás, sin dejar de cogerse las manos y se escondieron en una de las habitaciones.
Cuando Múgica se echó mano al bolsillo detectó enseguida que le faltaba algo: Su cartera.
─¡Maldita niña!─masculló, mirando directamente a Cristina─¿has sido tu?, ¿me has robado la cartera?
De nuevo, una risa burlona salió de labios de Cristina. No podía evitarlo. Fue al pie de la escalera y le mostró al hombre la cartera; exhibiéndola como un trofeo. Pero...¿cómo lo había hecho? Si no se despegó de su hermana en ningún momento...
La niña esperó a que el hombre subiera y, entonces lanzó la cartera escaleras abajo. Él se volvió enfurecido e hizo el gesto de ír a pegarla pero no esperaba lo que sucedería a continuación.
La señora Beltrán llegó justo a tiempo de ver caer al señor Múgica por las escaleras. Fue un golpe mortal. La cabeza abierta, reposaba como una sandía reventada, tiñendo el suelo de sangre y sesos. El cuello retorcido, los brazos rotos y el traje azul e impecable hasta entonces...,quedaba ahora arrugado y tosco.
La mujer entró en shock. Miró arriba y vió a Elena. Estaba tranquila. Demasiado tranquila. Le daba un miedo terrible, aunque no quería pensar..lo que estaba pensando.
─¿Qué has hecho?─ le preguntó con la mirada perdida.
Elena no apartó los ojos del cuerpo inerte del hombre de traje azul y contestó a su madre con total serenidad.
Éste detalle era lo que más aterraba a su madre. Esa sinceridad brutal que caracterizaba a Elena mientras hablaba sobre lo sucedido.
─ Ha sido Cristina...
La madre se apartó unos metros del cadáver. Retrocedió hasta la puerta sin articular palabra.  Se chocó con su marido cuando éste entraba a toda prisa y ambos quedaron perplejos.
─¿Qué ocurre?...he oído gritos...,cariño?
Ella le miró con los ojos fuera de órbita. Luego miró a Elena.
─Dice que Cristina ha hecho...ésto.
─Pero..¿qué dices?
─La culpa es mia, Pedro. Fui yo quién la animó a jugar con ella. Fue por mi culpa que ella siguió el juego. Creía que así lo sobrellevaría mejor...pero ¡mira en que se ha convertido tu hija? ¡dios mio!
Elena bajó cada peldaño muy lentamente. Se acercó a sus padres e intentó explicarse con una seriedad imprópia de una niña de diez años. Pero ella nunca se vería como una desequilibrada. Su actuación era siempre lógica y justa.
─Mami, no te enfades conmigo. Tampoco lo hagas con Cristina. Ella está enfadada. No quiere que nos marchemos de casa. Tienes que entenderlo.
─Cariño...─comenzó a decir su padre con la voz calma─¿qué estás diciendo..?
A continuación, su madre la agarró por los hombros, desesperada y con los ojos llenos de lágrimas.
─cielo mio...,Christina está muerta. Ya es hora de que lo aceptes. Sé lo difícil que debe ser para ti. Solo hace unos meses que sucedió...pero tienes que afrontarlo.¡ella no va a volver!
A Elena le cambió la expresión del rostro. Se soltó del abrazo de su madre y corrió al salón con furia mientras gritaba:
─¡No es cierto! ¡no es cierto! eres una mentirosa. Tu sabes que ella sigue aquí. ¡Lo sabes!  Ella no ha muerto.
─Cariño...acéptalo ya. Cristina está en el cielo.Está en un lugar mejor. Déjala descansar en paz...
─No mamá─susurró Elena, desde un rincón oscuro─Cristina no está en el cielo. No está en un buen lugar...por eso ha vuelto.
─cariño...¿cómo sabes que ha vuelto..?
La señora Beltrán no quería oír esa respuesta pero se quedó alli quieta escuchando lo que su hija tenia que confesarle:
─Lo se porque...Cristina está aquí conmigo.
La imagen de Cristina estaba ahí para Elena y, por curioso que pareciera, también para el difunto. Él la vió instantes antes de que llegara su fín. La vió tan claramente como veía a Elena.Y es que hay personas que tienen una segunda visión que pasa inadvertida al resto.Sin embargo, para los padres de las gemelas, Cristina dejó de existir el el momento de su muerte. No había nada al otro lado. No para ellos.
No obstante, la niña estaba allí mísmo, en la casa. A pesar de ser invisible,comunicaba sus pensamientos conscientes con su hermana.El vinculo era muy fuerte entre ellas desde siempre.
─¿Por qué lo has hecho?─preguntó de nuevo su madre, incapaz de entender nada.─¿por qué has matado al señor Múgica?.Habia comprado la casa...
Elena estiró el brazo derecho,justo para coger la mano a su hermana.Ésta hizo lo mísmo, aunque sus dedos traspasaron los de Elena. Ambas se miraron con una sonrisa.
─No te pongas triste─dijo Elena casi en un susurro.─estaremos juntas, pase lo que pase. Siempre.
─¿Con quién hablas?─preguntó el padre, asustado.
─Papi...,tu no lo entiendes. Nadie lo entiende. Cris está aquí. Queréis marcharos porque . os habéis olvidado de ella....pero yo no me quiero ir. Cristina no se quiere ir.Pero ahora nadie comprara nuestra casa. Todos lo sabrán...y no la comprarán.
Elena subió corriendo al desván. Su madre la siguió pero no logró pararla. La niña volvió el rostro hacia atrás para mirar a su madre , mientras se subía al taburete que acababa de colocar justo debajo de la ventanilla del desván y no esperó a lanzarse por ella.
─¡Nooooo!─chilló─dios mio nooo!
La madre no paraba de gritar. Fue a la ventana y vió a través de ella a su niñita estrellada contra el suelo del jardín. Todo el mundo había quedado horrorizado. Los vecinos..., los del camión de mudanzas..., los que pasaban por la calle...todos.
Un haz de luz víno al encuentro de Elena. Lo vió tan claro como su sentimiento de estar viva. La visión de Cristina se hizo palpable. Ésta vez si que púdo tocarla y abrazarla. Se levantó del suelo y se limpió el vestido. No vió su cuerpo tendido allí, golpeado y lleno de sangre.Solo quería iniciar su nueva vida, al lado de su hermana,para seguir jugando libres donde quisieran.

Siempre juntas.

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