Historias del otro lado de la conciencia.

Historias del otro lado del pensamiento; Relatos de un mundo insólito para el cuál, se debe poseer el don de la segunda visión. Una visión más allá de la realidad. Sígueme y recorre conmigo ese "otro lado" misterioso que nos aterra y atenaza hasta los límites de lo imposible.


martes, 28 de febrero de 2017

Lucille


                                                                                2

                                                          Hogar...doloroso  hogar




¿Cuánto tiempo había pasado? Dos dias...tres dias...cuatro dias...
Lucy esta sentada sobre la tierra húmeda, de donde ha salido hace tan solo unas horas. Trata de recordar, pero no ocurre nada. En las cercanías del cementerio, oía el tráfico que circulaba contínuamente. Una pareja murmura entre las sombras de la noche. Oye el aullido de un perro. Está lejos,pero lo escucha como si lo tuviera al lado.
El oído está más afinado.Sigue oyendo a la pareja hablar en susurros, como intercambiando confidencias y palabras de amor. Percibe sus pasos cerca, pero no están allí.
Mas allá de los muros, el ruido estruendoso y amplificado de las redes eléctricas, la obligan a taparse las orejas con ambas manos.
No hay nadie a la vista y la puerta del camposanto está abierta. Lucy tiene la ropa hecha jirones, pero no le importa. Se levanta, no sin esfuerzos. Tiene los músculos anquilosados y le duelen los brazos y las piernas. Se palpa la cara para asegurarse que todo sigue en su sitio...aunque sienta los ojos fuera de órbita y la boca dolorida.
Sale de aquel lugar fúnebre a través del gran portón enrejado. Durante unos instantes ve unos columpios de hierro que parecen antiguos. Observa los soportes en forma de A y la barra transversal e imagina a los niños columpiándose alegremente. Les oye reir; luego alza la vista, aturdida y mira un poco mejor:
Los niños no están. El patio ajardinado está desierto. Todo ha sido una ilusión creada por su mente torturada.
Camina durante largo rato por una amplia avenida. Camina bajo un cielo negro sin estrellas. Las viejas aceras, frente a los chalets modernos y viejos; según va acercándose a la ciudad, con sus calles repletas de bares y carteles de neón. Edificios de media altura y elegantes restaurantes vienen a continuación. Ha dejado la zona abandonada del polígono comercial, en las afueras para adentrarse en la colorida población que reconoce al instante como su ciudad. Se detiene frente a una tienda abandonada en la que solían vender zapatos. Durante treinta años había funcionado de maravilla y ahora no era más que un local vacío, rodeado de muros de cristal.
Lucy vió que su pelo había crecido considerablemente. Ahora es largo y voluminoso, pero ha perdido su brillo. Las uñas también son más largas y rasposas. Los pechos turgentes han aumentado y su figura se ha vuelto estilizada, sin un ápice de grasa. Tiene los labios agrietados, grises, voluminosos y anchos. Su expresión se sobrecoge al ver esos dientes crecidos...blancos como perlas, como un animal salvaje. Cierra la boca, se aparta del espejo...corre lejos...
Atraviesa corriendo la avenida y llega hasta un parque. Está amaneciendo. No. Aquella visión no era cierta.. Era una imagen que su mente había proyectado de nuevo para confundirla.Era como la de aquellos niños, columpiandose, en donde hacía tiempo que nadie jugaba.
Una mala pasada..
Pero, de improviso, ve una casa frente al parque. Una casa de dos plantas; enrejada hasta tres metros del suelo. Es la primera, de una larga y extensa calle residencial. Las luces están apagadas. Todos duermen. Presiente algo...esa es su casa.No tiene dudas de ello.Parece que el instinto se ha desarroyado en ella como en los animales. Sigue adelante, trepa por el muro de rejas, se sube al árbol de grueso tronco con agilidad felina. Continúa subiendo hasta la pequeña ventana con cristales correderos. Sabe que están abiertos siempre y se puede entrar desde fuera.
Dentro se huele un delicado aroma a vainilla que le es familiar. Cierra los ojos y aspira profundamente, antes de entrar. A continuación, cierra la ventana, corre las cortinas y apaga la vela aromática, ya casi consumida.
El silencio invade toda la casa. Todos duermen. Aún es de noche.
El cuarto es muy grande y está tal y como lo recuerda. El techo de yeso, cubierto de mariposas fosforescentes, que rodean una lámpara de bonitos colores; su cama de 1,35 cm y su armario de doble espejo y cuerpo entero...seguían allí.
Las velas eran parte importante de su decoración Zen; también, los múltiples adornos orientales.
El lugar parece conservar el mísmo aspecto que cuando estuvo por última vez, y eso la calma. No comprende que esa ya no es su habitación.
La ropa de su hermana invade los cajones y las perchas de su armario. No ha encontrado ninguna de sus prendas. Se enfurece. Pero lo que si está....donde siempre, es el medallón que le regaló su padre, en su cumpleaños. Un corazón de plata engarzado a una cadena larga y plateada que cuelga suspendida sobre el borde superior izquierdo de un cuadro.
Se acerca, alarga el brazo y palpa el corazón de plata. Al instante siente un calor anormal que sube en niveles exagerados hasta abrasarle la piel. Lo suelta gritando. Salta hacia atrás, golpeándose contra la pared. ¿Qué acaba de pasar?
La mano está quemada . Tiene la marca del corazón grabada a fuego en la palma.Se agarra la muñeca con la mano contraria y mira incrédula y dolorida.
Luces encendidas...
La familia se despierta ante los gritos y golpes.
Lucy observa desde fuera. Le ha dado tiempo a salir del cuarto en los dos minutos que han tardado en subir, abrir y entrar. Su madre acaba de entrar asustada. No puede explicarse de dónde viene ese grito aterrador que ha escuchado minutos antes. Se le nota el pánico en la mirada.
─¡ dios mio! ¿Quién anda ahí?
De pronto, la mujer pega un brinco al mirar hacia el espejo, pues ha creido ver de refilón, un rostro cadavérico reflejado desde la ventana entrecerrada. Pero cuando vuelve a mirar...ese rostro ha desaparecido.
Afuera empieza a clarear. Se está haciendo de dia y Lucy vuelve a sentir que su piel se quema. La sensación es angustiosa. No sabe qué hacer...a dónde ír. Salta al jardín, como un gato que cae siempre de pie; corre de nuevo, ésta vez hacia la parte trasera de la casa. Abre las portezuelas de madera que llevan al sótano y se mete dentro.


Otra vez la oscuridad....pero la reconforta, porque dentro, no hay dolor.

En el rincón más oscuro, Lucy se acurruca y se abraza en el suelo con los brazos rodeando sus rodillas y la cara apoyada en ellas. Tiembla y llora a la vez. Está a salvo....al menos hasta que vuelva a oscurecer.

2 comentarios:

  1. Gracias Carmen por regalarnos esta maravilla de relato. Me encanta. Las descripciones muy buenas, haces que el lector( yo) sienta la angustia de Lucy. Maravilloso y con ganas de más. Enhorabuena

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  2. Muchas gracias por tu comentario y por disfrutar de la historia,que espero te resulte cada vez mas sorprendente.Hablamos en próximas entregas.

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