Historias del otro lado de la conciencia.

Historias del otro lado del pensamiento; Relatos de un mundo insólito para el cuál, se debe poseer el don de la segunda visión. Una visión más allá de la realidad. Sígueme y recorre conmigo ese "otro lado" misterioso que nos aterra y atenaza hasta los límites de lo imposible.


miércoles, 29 de marzo de 2017

Lucille

                                                                              3

                                                                 Berenice

La joven caminaba cabizbaja de camino al instituto. Era su primer año y éste se veía deslucido por el luto y la desgracia. No era fácil perder a una hermana y menos...cuando ella era todo tu mundo.
Berenice tenía quince años. Era una niña mona y vestía siempre con faldas muy cortas, por encima de las rodillas, jerseis de punto fino y botas altas, con tacón cuadrado. Su pelo caía lacio sobre sus hombros, en un castaño medio salpicado de matices rubios, que daban mayor expresividad a su cara sonrosada y destacaba sus ojos almendrados. El toque especial se lo daba el perfume que solía llevar Lucy; dulce y afrutado. Se ponía siempre unas gotas en los lóbulos de las orejas, en el escote y en la parte interna de las muñecas.
A Berenice le gustaba oler como Lucy. La mantenía cerca de sus esencia. Pero también usaba su ropa y cosméticos, ahora que ella no podía regañarla por ello. Lo hacía a pesar de la prohibición de su madre y en contra de la opinión de toda su familia. A ellos no les agradaba que la pequeña de la casa usara tan descaradamente las cosas de su hermana y le habían pedido en mas de una ocasión que respetase el luto, al menos durante un tiempo prudencial. Estaba todo tan reciente que todos estaban demasiado sensibles pero Berenice prefería recordarla a su modo.
Lo que de verdad la ponía de mal humor era tener que soportar las regañinas de mamá, por pedir quedarse el cuarto de Lucy,como si no tuviera sentimientos hacia ella o le hubiera perdido el respeto..cuando era ella quién entraba sin permiso a la habitación para tocarlo todo y no tener la delicadeza de dejar las cosas en su sitio. Lo descubrió esa mísma mañana, al levantarse y pasar a por una chaqueta. El medallón de Lucy estaba tirado en el suelo y el armario alborotado...como si lo hubieran estado enredando. Eso si que era descarado.
─¡Señorita Russell!─gritó alguien.
No era usual escuchar llamadas tan educadas en éstos tiempos convulsos- lo de “señorita” es de otros tiempos, pero reconoció la voz.
─¡Pare un momento!
Berenice se detuvo y examinó al hombre joven que tenía en frente. Era alguien demasiado chapado a la antigua, a pesar de distinguir a alguien bastante atractivo y poco aprovechado bajo ese traje de abuelo. En realidad, era improbable que en un futuro próximo, consiguiera una cita.Al menos, con ella lo llevaría crudo.
─Ayer─comenzó a explicar de forma apresurada─quíse pedirle que me ayudara con algunos datos sobre su hermana, pero su madre no me permitió acercarme.
─¿Ayer?
─Lo siento─el joven tomó aliento y prosiguió con la explicación─La acompaño en el sentimiento. Se lo duro que ha tenido que ser el pasar por algo así, pero necesito saber cosas sobre Lucy.Cómo era en su vida diaria; a qué lugares solía ír...si tenía novio...
─Perdone...pero no le conozco más que de vista─le respondió Berenice, esquivando al desconocido por la acera y sin prestarle atención.
─Oh perdóneme, señorita─se excusó, siguiéndole los pasos.─Me llamo Michael Randsland. Estoy a cargo de la investigación del asesinato de su hermana Lucy...siento de nuevo la brusquedad...
El detective estaba demasiado pálido para sonrojarse, pero se le notaba que era un novato y se asemejaba más a un reportero despistado que a un criminólogo con tacto.
─Es preciso encontrar y detener al responsable─dijo Randsland con seriedad estudiada─ antes de que se nos escape o vuelva a cometer otro crímen. En éstos casos, necesitamos la mayor información posible sobre la víctima y déjeme decirle que su madre no ha ayudado mucho.
─Sin duda, eso es algo que dependerá de su trabajo─dijo Berenice con cierto aire de desprecio, aprendido de sus amistades recientes; acostumbradas a ser el centro de atención y a mirar a los que están por debajo de su rango social, como a meros insectos.─...O quieres que haga yo tu trabajo?
Randsland se encogió tras sus gafas de cristales ahumados, mientras la chica se marchaba calle arriba, apretando el paso.


─Solo le pido que se pase por la comisaria...un rato que tenga libre. Le prometo que no la retendré mucho tiempo.
─Muy bien, Michael Randsland. Buenos dias y ya nos veremos.
El policia parecía inquieto y desconcertado. Asi se sintió al darse cuenta de lo poco usual que resultaba asaltar a una adolescente en plena calle, para conseguir una declaración. Era vergonzante. Si el inspector jefe le hubiera vísto en esa situación, ya estaría despedido.O eso pensó él.

─Una chica curiosa...ésta Berenice─comentó en un susurro mientras la observaba alejarse.

1 comentario:

  1. Gracias por compartir Carmen, ahora voy a por el siguiente��

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