Historias del otro lado de la conciencia.

Historias del otro lado del pensamiento; Relatos de un mundo insólito para el cuál, se debe poseer el don de la segunda visión. Una visión más allá de la realidad. Sígueme y recorre conmigo ese "otro lado" misterioso que nos aterra y atenaza hasta los límites de lo imposible.


domingo, 9 de abril de 2017

Lucille

               Capitulo 5


Las cosas que no te esperas


                                         






                                                                                                                      

Sujeto: Mujer blanca,
Edad: Aproximadamente dieciséis o diecisiete años,
Hora de la muerte: Poco antes de las 05:00am
Clase social: Media-alta
“Pobre niña rica”─piensa el detective, mientras lee el informe.
Lugar de la muerte: Polígono industrial, a las afueras.

Michael Ramsland se queda quieto un momento, mirando el informe en la pantalla del ordenador, sobre todo, la foto de la chica:
Cabello rubio, largo hasta los hombros; ondulado, ojos claros y expresivos...
Debió de ser una chica muy guapa en vida. Una verdadera pena.
A Michael le inquietan esas marcas en su cuello, como hechas con un punzón y la excasa sangre encontrada en el lugar donde fue encontrado su cadáver. Era como si la hubieran vaciado y no puede evitar compararla con Lucy Russell.
Dos asesinatos cortados por el mísmo patrón.
El reloj del móvil marca las 22:10
─¡Dios! ¿ Helen me va a matar!
Michael se apresura a guardar el archivo que acaba de imprimir. Lo mete en su carpeta y a continuación mete ésta dentro del cajón de su mesa y cierra con llave. Sale de la comisaria a toda prisa. Había olvidado su cita con Helen y su relación podía acabarse antes de empezar, pero no desespera. Coge un taxi, se arregla el cuello de la camisa, le da unas palmaditas a la chaqueta; está arrugada, pero no le importa. Su pelo rubio y rizado en pequeñas anillas, lo deja tal como está. Total...no le hace falta peinarlo y tampoco le importa.
El taxista le mira de reojo, hace gestos poco simpáticos. Eso tampoco molesta a Michael.Lo único que le inquieta ahora es no llegar a tiempo al restaurante donde ha quedado con Helen.
─¡Tarde! ¡llego tarde!─ repite compulsivamente.
El taxista no parece tener prisa y ha cogido el camino más largo y con más tráfico. Lo ha hecho a propósito─piensa Michael.
─¡Llego tarde! ¿ No puede correr un poco?
─¿Quiere calmarse?
Michael es un hombre tranquilo. No le gusta la violencia y a veces se ha parado a pensar por qué se hizo policia...pero ese taxista gilipollas le está sacando de sus casillas.
─Si quiere que le pague esa cifra que marca su taxímetro, más le vale tomar un camino más corto.
El taxista no responde y sigue a su ritmo.
Son las 22:47
Han llegado a su destino, diecisiete minutos tarde, de la hora que tenía previsto. Michael paga a regañadientes y sale del coche dando un portazo.
“La Bella Italia”
Michael contempla el letrero luminoso del restaurante y a la chica que espera en la puerta hecha un furia.
─Siento el retraso...Helen─ se disculpa sinceramente y acerca el rostro hacia esos labios rojos y sensuales que tanto le excitan, pero ella le hace una cobra.
─Es la segunda vez que quedamos...y vuelves a llegar tarde!─gruñe Helen─ sabes que no me gusta esperar y llevo mas de media hora aqui tirada.
─Lo siento...
─¡ Deja de decir eso...me pones enferma!
─Vamos a entrar o qué?
Michael empieza a perder la paciencia.
─puedes cenar tu solo, porque yo me largo.
─Pero cariño, no te lo tomes asi.Salí tarde del trabajo. Ya sabes como son éstas cosas...
─¿Sabes? Ya no me creo tus excusas. No me llames más.
Michael la ve marcharse calle arriba, torciendo los tacones. Ni siquiera intenta detenerla. Es un nuevo fracaso añadido a su larga lista de fiascos sentimentales. Esa niña engreída de Berenice Russell tenía razón en ese aspecto. Le había calado al momento.
Michael se queda un rato allí quieto, mirando al cielo. La luna llena ilumina toda la calle. Hace buen tiempo. La noche es joven.
Alguien está gritando dos calles más abajo. Una mujer. La gente corre hacia esa dirección. Michael los sigue hasta un callejón. ¿Qué está pasando?
Alrededor del cuerpo encogido se apiñan unas cien personas, quizá mas. Unas miran anonadadas, mientras otras solo graban con el móvil, pero pocos han acertado a llamar a emergencias o a atender al hombre, a ver si respira.


Michael se abre camino a empujones. Enseña su placa y todos se apartan. Él se agacha, le toma el pulso, comprueba si respira, pero ya es tarde. Está muerto.
Es un hombre blanco, de unos cuarenta años, obeso y con traje de ejecutivo. Le han seccionado la garganta pero no hay una sola gota de sangre a su alrededor. De nuevo el misterio.
─¿Alguien ha visto algo?...¿a alguien?
Nadie contesta. Parecen tan confusos como él. De repente, una mujer asiática, madura, sonriente y pequeña se para frente a Michael.
─Yo vel a mujel joven entral en calejón con homble.
─Hola, buenas noches señora. ¿Me dice su nombre?
─Mi nomble es Gao Chen. Soy dueña de lestaulante, alí ─señala la calle de enfrente con el dedo.
La pequeña mujer invita a Michael a entrar en su respaurante, de nombre idéntico a ella. Es súmamente amable, pero el detective debe cumplir con su deber y avisar a emergencias y a sus compañeros. No puede perder tiempo, pero necesita las pistas que ella pueda tener.
─Digame qué ha visto...
─Mujel endiablada, pelo neglo, muy lalgo y blanca como un muelto.Se fue por alí.
La mano de la mujer está señalando un punto fijo entre el callejón y un par de pubs. Pero Michael no ve a nadie. No hay rastro de ninguna mujer morena, ni huellas que le hagan pensar que estuvo cerca del cadáver. Se aparta unos cuantos metros de la señora Chen, saca su smarthphone del bosillo de sus vaqueros y hace las llamadas de rigor. Luego se vuelve hacia ella y le pide información:
─¿Puede darme alguna pista fiable sobre esa mujer?
La desconfianza de Michael parece molestar a Gao Chen. Ella no entiende que es parte de su trabajo.
─¡Venga aquí!
Michael no comprende. Ella señala un punto concreto, junto al letrero donde pone: GAO CHEN, restaurante.
La camara de seguridad de su propiedad, es lo que ha estado intentando decirle. Las cintas habrán grabado al asesino o asesina, sin duda, pues enfocan directamente hacia la entrada del callejón.

La revisión de la cinta es rápida y reveladora. Dentro del local. Michael visiona la escena del crímen. Una noche de suerte, de esas que no te esperas, para éstos nuevos casos de muertes insólitas.
“La calle está vacía de gente pero de pronto...un hombre robusto entra en el campo de visión. Le sigue una figura oscura. Apenas puede verla. Es difusa, etérea, se mueve mecánicamente, como el espectro de una pelicula de horror japonesa. O eso le ha parecido. Tiene el pelo muy largo y sucio. Le brillan los ojos. La cámara los capta rojos. Es curioso cómo se parece a esa chica...Lucy Russell. Se frota los ojos.
─¡No puede ser!
La mujer se echa sobre la espalda del hombre, lo empuja hacia el callejón. Sigue la grabación.
1...2...3...4 minutos.
La mujer vuelve a salir del callejón sola, limpiándose la boca con el brazo entero. Hay sangre en sus labios...en su cuello y por todo el vestido.
Michael da un bote en su asiento, congela la imagen, aumenta el zoom. El rostro está de perfil, se intuyen las uñas largas como las de un animal salvaje.
─¿Qué demonios es eso?



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