Historias del otro lado de la conciencia.

Historias del otro lado del pensamiento; Relatos de un mundo insólito para el cuál, se debe poseer el don de la segunda visión. Una visión más allá de la realidad. Sígueme y recorre conmigo ese "otro lado" misterioso que nos aterra y atenaza hasta los límites de lo imposible.


lunes, 10 de julio de 2017

Lucille

Capítulo 7

El club de los bebedores de sangre




Michael Ramsland parecía sorprendido de ver a las chicas mirarle tan fíjamente, con los ojos luminosos como los focos del escenario.¿Realmente le veían tan atractivo...o esperaban a que las invitara a una copa? ¿Todas a la vez?...ni de coña−pensó con pavor.
La mujer de blanco y cabello oscuro le miró con ojos glaciales desde el final de la barra.Se acercó y le susurró:
−¿Te apetece compañía? Yo soy lo que necesitas.
−Estoy de servicio.
−Si, por supuesto...
Ella pasó las uñas por el brazo del asiento, arrancando pequeñas virutas de madera. Mantener la postura sin parpadear era torturador, pero tenía que estar receptivo si quería sacar alguna información en ese lugar tan peculiar.Llevaba veinticuatro horas sin dormir, completamente obsesionado con la mujer del callejón.No podía olvidar la palidez de su piel ni ese cabello tan largo y encrespado.Le daba repelús pero, al mismo tiempo, le atraía y estaba seguro de que era la asesina del hombre al que encontraron desangrado.¿Pero por qué pensó que ella estaría allí?
Aquella chica que se le acercó en la barra parecía adoptar esa estética vampírica tan de moda entre los colectivos góticos. Vestía ropa negra, usaba prótesis dental que simulaba colmillos e incluso tatuajes con símbolos extraños. Era una de las habituales chicas de alterne que tenían contratadas en ese club de noche llamado “Akasha”.Un pub de culto, para gente con un raro gusto por lo gótico y por la sangre. Una “no tan secreta” comunidad de bebedores de sangre. Personas normales, con vidas corrientes durante el dia,que cada anochecer se acercaban allí y fingían ser vampiros y Michael no sabía si reir o llorar. Pero pese a su apariencia siniestra y amenazadora, no eran personas violentas ni realizaban rituales sangrientos. La mayoría pasaban a los reservados a compartir su líquido elemento, bien por dinero o bien por placer.Pero siempre de modo consentido.
Cuanto más investigaba sobre el tema, más horror sentía.Ver que hubiera gente capaz de algo así, le provocaba nauseas pero debía seguir adelante pues varias pistas y testimonios le llevaban de forma inequívoca hacia ese oscuro mundo.Para bien o para mal, ya estaba metido hasta el fondo.
Como si de una aparición fantasmal se tratase, recién salida de su mente, la figura esbelta de una mujer joven entró en el bar y Michael se quedó sin respiración.
La dama de cabello oscuro y piel de porcelana entró sola, envuelta un inquietante halo que sobrecogió el ambiente, ya de por sí, bastante cargado por el humo de las cachimbas. Lo iluminaba todo con su presencia.Tenía el aspecto de una chica joven, pero con cierto aire maduro.Apenas pestañeaba. Sus ojos eran grandes y redondos y se le transparentaban las venas de la cara, en un tono azul amoratado, que brillaba con las luces artificiales parpadeantes. Llevaba ropa casual rockera y zapatos rojos.La admiró mientras caminaba hacia la barra, como si los tacones fueran parte de su propia piel. Su código de conducta resultaba extraño, incluso para un detective experimentado como él.Aun viendo a cientos de sospechosos, ladrones, asesinos y chorizos varios...ella era un ser especial. Alguien que sobresalía del resto.Y se la imaginó como un ángel de la oscuridad.Un lucifer, encarnado en mujer y no supo por qué.Pero la intuición era de las pocas cosas que a Michael no le fallaban jamás.
El ángel era tan solo una más, entre las decenas de personas que ocupaban el local. Algunos bebían sin parar, cubata tras cubata, como si no hubiera un mañana.Otros subían y bajaban de los reservados, con síntomas de mareos o con la boca manchada de sangre.Algunos solo bailaban ya admiraban a las guapas Go-gos, en el centro del escenario y en jaulas colgadas del techo pero el ángel no hacía nada de eso.Ella parecía esperar algo o a alguien.Miraba a todos lados, nerviosa. Tan vulnerable...tan preciosa...
−¿Encuentras lo que buscas?−le preguntó Michael, al tiempo que se paraba a su lado.
Se entrecruzaron sus miradas.Fue un momento mágico.Algo sucedió en el instante en que se miraron.Se paró el tiempo.Solo oían la música, pero la gente era para ellos como abejas zumbando en una dimensión paralela.Se notaba su presencia pero estaban lejos y el centro eran solo ellos dos.
¿Qué está pasando?−se preguntó Michael, confuso.
−¡Déjame sola!−le advirtió ella con furia.−No quiero compañía.
Dicho ésto, la temperamental muchacha se alejó y se sentó en el extremo más alejado de la barra.Pidió una cerveza y se quedó allí, mirando al camarero con fijeza.
De pronto y sin venir a cuento,unas enormes manazas agarraron al detective por el cuello de la chaqueta, sin disimulo ni educación y le dijo cuatro cosas:
−No queremos polis por aquí.Tu hueles a poli. Márchate y deja a las chicas en paz o tendremos algo más que palabras.Somos un club selecto, pero cumplimos con la ley, así que fuera de aquí.
Michael se encendió por dentro.Quería pegarle a ese mastodonte de dos metros, pero su visita no era oficial y tenía unos límites que no debía rebasar. Miró una última vez a su ángel oscuro y salió por aquella puerta roja que llegaba hasta el techo.


Un hombre comenzó a seguir a Michael, desde el instante en que salió del club. Era bastante alto pero se veía siempre de espaldas; con la cara tapada con una gorra de visera y una cazadora más grande que su delgado cuerpo.Con las manos dentro de los bolsillos laterales, el extraño empezó a andar despacio, siguiendo los pasos del detective, con extrema cautela.

1 comentario:

  1. Hola!
    Vaya se pone interesante y lleno de personajes misteriosos.
    A ver con que nos sorprendes en el siguiente capítulo

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